galería Segovia al atardecer desde Zamarramala

Segovia al atardecer
Vista de Segovia al atardecer desde el restaurante La Postal (Zamarramala)
Zamarramala nació como arrabal de la ciudad de Segovia, pronto pasó a localidad independiente con mucha historia y ligada al Alcázar, y de nuevo en 1970 pasó a ser un barrio agregado de Segovia.
Pero aún siendo ésta la situación administrativa, continua manteniendo el aspecto y el espíritu de «pueblo», perdurando costumbres muy arraigadas en sus habitantes como la fiesta de Stª Águeda, la fiesta conocida popularmente como la fiesta donde mandan las mujeres casadas.

Cuentan que desde 1227 vienen gozando las zamarriegas de dicho privilegio, después de que los tercios segovianos reconquistaran El Alcázar en poder de los sarracenos, poniéndolo a disposición del Rey Alfonso VI. Éste, en agradecimiento, les otorgó muchos privilegios, entre ellos el derecho de alcaldesado en el más amplio sentido del término y el cobro del arbitrio municipal origen de la tradición, que hay en la fiesta, de cobrar peaje a todos el hombre.

Aunque el año 1227 y el reinado de Alfonso VI de leyenda y hecho histórico no coinciden cronológicamente, es seguro que grandes servicios debieron prestar los habitantes de Zamarramala a los Reyes de Castilla, para concederles tantas exenciones y quintas, como consta en las cartas firmadas por D. Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos; privilegios que gozaron hasta finales del S. XVIII.

Así se refleja en las coplillas que José Luis Allas dedica a las gentes de Zamarramala y especialmente a sus mujeres.

De todos sea conocido
la hazaña de zamarriegas
nunca Rey fue tan servido
de mujeres tan dispuestas.
Los juglares musicaron
el gran acontecimiento
ello hizo que los Reyes
otorgaran mandamiento.

La Epopeya narra como las mujeres zamarriegas engalanándose de las mejores galas, penetraron en la fortaleza formando una rueda de baile; anta la hermosura y el gracejo de las bailarinas, los guardias abandonan sus puestos para participar en la fiesta, hecho que aprovechan los hombres para tomar la fortaleza; recuerdo de aquella hazaña quedan las alabardas que se conservan en la iglesia parroquial y acompañan a la procesión de la Santa.

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