Firmeza en la calle

De pequeña, en los 80, viví con los edificios cosidos a graffitis, eran feos e invasores sin ningún interés estético, nombres extraños con caracteres muy puntiagudos y agresivos que se mezclaban con frases protestas de la nueva democracia que en aquella época no se tapaban con pintura sino que se tachaban, creando aún más ruido visual.
Destacaba entre ellos uno de trazado más amable y suave que dibujaba lo que escribía «Muelle» y remataba su rúbrica con una flecha directa y certera, era divertido descubrirlos.
Uno de los últimos que recuerdo suyos estaba casi pegando con el centro de Madrid. Se la había jugado eligiendo ese muro enorme e impecable de bloques de color hueso que daba al río, ningún obstáculo podía taparle, era su firma dentro de otro muro que había pintado de ladrillos rojos, aguantó muchos meses hasta que los funcionarios municipales lo cubrieron con pintura crema para ser, a los pocos días, de nuevo asaltado con otro graffiti, pero ya no tan chulo.

Ahora sigue habiendo graffitis sin interés, pero hay muchos más artistas que nos alegran las calles, que nos comunican y nos hacen parar.

Firmeza
Firmeza de Boamistura, 2015
C/ San Dimas 3, Madrid

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